Señor, otórgame duda cuando encuentre verdad y tristeza cuando mis labios sonrían. Señor, vacía mi corazón de toda fe y oscurece mis días luminosos.
¡Que la aflicción envenene mis alegrías y la soledad me olvide de ti, Señor!
Abandona de mi vida toda dicha: ¡destroza mis placeres, aniquila mis recuerdos arruina mi deseo de amar y ser amado!
¡Oculta a mis ojos tu luz! ¡Ensordéceme ante tu voz!
Señor, aléjame de ti más allá de la nada, donde tus rayos desvanezcan en la noche de la eterna soledad.
¡Dirígeme Señor a los infiernos, o más lejos, si es posible!
Hazme Señor condenado entre los condenados, alejado entre los alejados, loco entre los locos, y triste entre los tristes.
¡Apártame, Señor, de tu yaga! ¡Apártame del sabor de tu sangre!
Permite al gusano comer mis vísceras. Permite a la serpiente devorar mi alma. ¡Déjalos sepultar mis sueños bajo el fuego hasta en polvo convertir mi espíritu!
¡Estoy cansado de buscarte! Señor, ¿por qué no quieres encontrarme?
Un sueño... no, quizá una luz. No. Es tu voz en mi garganta, y en mi pecho tu grito . Son tus uñas en mis manos desgarrando mi piel.
Una noche... no, quizá un destino. No. Es tu desconsuelo en mi vacío y en mis ojos tu llanto. Son dos vidas y promesas inclumplidas. Es traición, es agonía.
Somos futuro... no, quizá un presente. No. Es tu beso en mi memoria y mis labios en tu olvido. Dos destinos y un adiós.
En tu vida fui agua; así recorrí tus labios, tu cintura y después caí olvidado a tus pies. Él, en cambio, es fuego; cada instante tuyo que recorre deja su huella inolvidable en tu vida. En mi vida eres sed y cicatrices.
Recuerdo el invierno.Recuerdo los árboles deshojados. Recuerdo cómo crujían las hojas secas.Me senté en una banca, lejos de todos.Cerré los ojos y pensé en ti.Respiro.Suspiro.Ojalá estuvieras aquí.Ojalá jamás hubiera partido.No, deja de pensar eso, falta poco tiempo.De repente no pensaba más en tisino en mí, observando tus ojos.Extraño que mis brazos te abracen,extraño que mis labios te besen.Ojalá pienses en mí en este momento.Recuérdame, extráñame como te extraño yo.No reconozco en mí estos sentimientos.Me confundo, me siento egoísta.¿En esto nos convierte la soledad crónica?Los segundos transcurren entre sollozos.El tiempo acecha.
Érase una vez la tristeza infinita. Érase una vez que la muerte se enamoró del tiempo y tuvieron un hijo: Adán. Érase una vez un hombre, el primero, que sintió la soledad. Érase una vez la invención del amor en Eva. Érase una vez la tentación, el mal y la expulsión del Paraíso. Érase una vez los hijos y la muerte. Érase una vez el mal. Érase el mal dos veces, tres. Érase una vez el hombre llorando por regresar a Dios. Érase a Dios que se negó a escuchar. Érase el hombre, de nuevo, suplicante. Érase Dios que descendió a comprender el sufrimiento. Érase la muerte de Dios. Érase una vez la resurrección y luego, la promesa. Érase una vez el hombre olvidando su muerte. Y, sin embargo, érase una vez la muerte;y érase dos veces, tres, mil. Érase una vez el infierno y la justicia. Érase una vez la última advertencia. Érase una vez que, quien tuvo oídos, escuchó.
¿Quién eres cuando comenzaste a leer estas líneas?
No es secreto que en todo momento cambiamos. Y estas líneas no serán la excepción.
Piensa en lo siguiente: Este día, estos segundos no serán indiferentes para el resto de tu vida. Un segundo es tan importante para el siguiente que, si mueres en uno de ellos, el siguiente no existirá. Bueno, sí lo hará, pero sin ti. Sin ti. Tras tu muerte tu reloj seguirá funcionando. Alguien más usará tu ropa, tu casa, tu televisor. Alguien morbosamente escarbará tu diario lleno de secretos. Tu vida pertenecerá ahora a lo que se dice de ti, sin derecho de réplica.
Como lo ves, incluso seguirás cambiando después de muerto. Tu última biografía no será una autobiografía fruto de tu puño y letras sino una interpretación de tus palabras a la obscuridad de lo que tus vecinos, amigos y familiares inventarán sobre ti, con tal ser protagonistas de tu desgracia y no morir en anonimato.
El tiempo te sobrevivirá. Los rumores sobre ti también, y eso no podrás controlarlo. Con curiosidad indecente indagarán sobre cómo se extinguió tu aliento. Algunos llorarán por el resto de sus vidas y otros se alegrarán secreta, silenciosamente. Tú lo hubieras hecho igual. A decir verdad, te ha sucedido.
Pero tampoco te emociones tanto. Para la mayoría de las personas, serás tema de conversación una semana o dos. Para algunas, serás motivo de impresión. Para pocas, de lágrimas sinceras. Para dos o tres, inolvidable.
Respira.
Revisa tu reloj, ¿el tiempo se detuvo? No. En estos minutos más de una persona ha muerto. Pero no te preocupes, su vida seguirá siendo escrita por otros bolígrafos ajenos a su mano, incluso quizá por ti.
Continúa cambiando, continúa amando, odiando, besando, escribiendo, leyendo, trabajando, continúa dejando escapar tu vida como agua entre las manos, como aire...
Piénsalo, vívelo. La noche te espera con estos pensamientos.
¿Quién eres cuando comenzaste a leer estas líneas? ¿Quién cuando terminaron?
Permíteme encontrarte entre las últimas lágrimas que suspiraré por ti; permíteme destruir en este grito el destino que imaginamos juntos. Esta noche te cerraré los ojos como por ti abría los míos hasta hace dos atardeceres. No sobreviviré al cáncer de tus recuerdos en mi memoria; desahuciado recorreré la tortura de los días sin ti, desquiciado viviré la locura de abrazarte en tu ausencia, desesperado soñaré la figura de tu sonrisa en mi agonía. Que la luz te ignore; maldito el destello que ilumine tus labios traidores, maldita la luciérnaga que aceche tu rostro delicado, maldito el fuego que te dé calor sin destruir tu belleza. He advertido... a los mares de tus lágrimas falsas, a los vientos de tus suspiros fingidos, a la tierra de tu cuerpo seductor, al fuego de tu frialdad inquebrantable. Hoy bajo tierra yace la ilusión que dirigía toda mi vida, lo que en tu diversión era un juego, en mi alma fuego fulminante; tu alegría efímera a cambio de mi tristeza perpetua.
Mi corazón ha guardado tu mejor silueta: sin tus traiciones, deseos y pasiones sin tu pasado, presente y futuro sin tus frustraciones, engaños y miserias. Permíteme encontrarte entre las últimas lágrimas que suspiraré por ti; permíteme destruir en este grito el destino que imaginamos juntos. Esta noche cerraré tus hermosos ojos que guardo en mi corazón; sea esta navaja que recorre mis brazos la sepultura de la mujer más hermosa, las exequias de tu ideal en mi mente, el funeral de aquella alma con la que viviré toda mi muerte.
Tus lágrimas fueron ríos. Tus lágrimas fueron mares. Lloraste hasta saciarte. Lloraste hasta quedar enteramente vacía. Cuando las lágrimas se extiguieron, no recordabas para qué servían tus ojos. Te ayudé a cerrarlos.
Volviste a llorar, aunque esta vez sin lágrimas; sólo un gemido inconsolable.No podías respirar, no te interesaba en absoluto.Cada segundo de ausencia es una daga que corroe tus últimos deseos.
Un minuto: sesenta afiladas navajas en un corazón que vive sin desearlo.
Aprieta tus puños, apriétalos fuertemente. Esto es lo irreparable; esto es lo que nunca más volverá a ser.
Arrancaste entonces tus cabellos con furia, como si el dolor físico opacara la herida del espíritu. Gritas, esperando que ese Alguien te escuche. Titubeas... si en ese momento el mismo Satanás te ofreciera un sólo día como era antes, sin dudarlo lo aceptarías a cambio de todos los infiernos.Por desgracia -piensas- el muy ingrato siempre prefiere disfrutar de nuestro sufrimiento.Tu racionalidad no ayuda cuando cuestiona porqué ha sucedido esto... ¿por qué a ti? ¿qué hiciste? ¿qué dejaste de hacer?
Los consuelos se convierten en la mejor manera de conservar la melancolía. ¿Quién pensó que el desconsolado sufriría menos con una mirada bondadosa, con una palabra siempre inadecuada? Tus ojos obnubilados sollozaban: "¿No te das cuenta que hoy entristezco para siempre..? ¿no te das cuenta que jamás en mi vida volveré a ser feliz? Vete y no insistas en que todo pasará. No me preguntes cómo estoy, mejor responde a porqué sigo aquí. ¿No te das cuenta que mañana, al despertar, nada de esto habrá sido un sueño?".
Abrí tus ojos. Sollozaste y te abracé fuertemente. No te consolaré, soy consciente de tal utopía. Ve mis ojos por útlima vez... ésta es la última lágrima que mis ojos llorarán por la vida que nunca más volveremos a vivir. Tú has perdido tu sonrisa y yo te he perdido a ti.
Vktr K always writes at night, so night that he almost writes at sunrise.
*Beneficiario del Programa para Becas en el Extranjero 2010 – 2011 del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes